JUGANDO A LOS
REFLEJOS
¿Nunca habéis jugado a contemplar los reflejos en las ventanas de un tren?
Es curioso. De noche, con las luces del vagón encendidas, y la oscuridad en el exterior, se entremezclan los
reflejos de las
Imágenes del interior del vagón, como si se tratase de un espejo.
Yo, persona curiosa por naturaleza, que gusto de observar a las personas durante mis viajes, entretenido
intentando imaginar de donde viene, adonde va, para qué… utilizaba muy a menudo ese reflejo que me
permitía observar, de una forma relativamente discreta, todo detalle sobre la persona que tenia sentada
enfrente. Y digo relativamente discreta, porque en más de una ocasión, encontré en el cristal los ojos de la
otra persona cruzándose con los míos.
Ya no me gusta mirar los reflejos del tren… Una noche volvía a casa, y me iba acercando a mi pueblo. Como
era el último tren de la noche, y en mi pueblo “muere” esa línea, éramos pocos los que viajábamos en él.
Yo iba en el último vagón. Es una manía personal. La cuestión es que normalmente la gente que va a mi
pueblo, suele montar en los dos primeros vagones, ya que son los que más cerca quedan de la salida en la
estación de destino, y así se ahorran unos cuantos pasos. En fin,… que yo era ya la única persona que
viajaba en mi vagón.
Entre el penúltimo pueblo de la línea y el mío, el tren pasa por 3 túneles. Dos relativamente cortos, y uno
sensiblemente más largo.
Pues ahí, en el túnel largo, fue donde ocurrió lo extraño de mi historia. Como no había nadie en el tren a
quien mirar, iba mirando por la ventana, pero no prestando atención a los reflejos, sino a intentar identificar
a que punto del recorrido pertenecían las escasas luces que se veían en el exterior en una noche sin luna
como aquella, hasta que penetramos en el túnel.
En un momento determinado, me sobresalté de repente. Durante una fracción de segundo, un hombre
mayor, delgado y cetrino apareció reflejado en el cristal, cruzando su mirada con la MIA, con una cenicienta
sonrisa, desde el asiento que se encontraba frente al mío. Un hombre, que por supuesto no iba sentado
delante de mí… Solo su imagen apareció reflejada en el cristal… Yo se lo que vi., y estoy seguro de ello.
Comprendo que no es fácil de creer, que no tiene ningún sentido… pero es así.
Desde entonces, intento no mirar los reflejos en los espejos del tren cuando viajo de noche. Y por supuesto,
nunca me quedo solo en el último vagón del último tren…
Yago Dion © Enero 2006