EL ORO DE LA FAMILIA Cuando las sirenas de los coches policiales sonaron acercándose a la mansión, ya no había nada que se pudiera hacer. Samantha, la preciosa niñita rubia de los Stratton, había desaparecido. La niña, de 5 años, había gritado en medio de la madrugada. El grito más desgarrador y angustioso que sus padres habían oído jamás. En el tiempo que tardaron en llegar a su habitación, la pequeña se había esfumado. En la habitación infantil, solo estaba Carlotta, la niñera. Ella también había oído gritar a la niña, y había llegado segundos antes que Phill y Helen, ya que su habitación estaba justo al lado de la de Samantha. - ¿Dónde está Sammy? ¡El grito provenía de aquí! – Dijo - ¡Sammy! ¡Sammy! Y salió corriendo en busca de la pequeña. Tras un registro rápido pero exhaustivo de la mansión, los Stratton decidieron llamar a la policía. Una niña no se esfumaba así, en medio de la noche tras un fuerte grito. Cuando la policía llegó, volvieron a registrar el amplio edificio de tres plantas. Ninguna habitación, ninguna despensa, ningún establo y ninguna sala quedó sin revisar en ningún ala del edificio. Ni siquiera el ala norte, que no se utilizaba desde los tiempos en los que los esclavos trabajaban los campos se libró de un minucioso registro. A continuación, los agentes decidieron salir a peinar los campos. Y en los campos no encontraron nada. Fue horas después, en el pequeño bosquecillo al este de los terrenos donde apareció. Los Stratton no daban crédito a lo que les decía la policía. No podía ser: La niña había sido localizada. Muerta. Sin señales de violencia, pero con una terrible expresión de terror en su rostro. - Parece que ha muerto de pánico – Dijo el agente que les comunicó la noticia. Los funerales fueron multitudinarios, ya que los Stratton eran una familia conocida desde hacía generaciones en la isla. En el bosque, en el lugar en el que el cuerpo deSamantha había aparecido, su padre mandó construir una capilla en memoria de su hija. Durante meses, se llevaron a cabo investigaciones, pero nadie consiguió una pista. Ni una sola huella. Ni el más mínimo atisbo de información sobre como la niña, había salido de la casa sin cruzarse con nadie. Sin ningún desperfecto. Sin nada fuera de su sitio. Cómo la niña había cruzado los campos y había llegado hasta el bosque, a tres kilómetros de la mansión. Y como había muerto… Todo era una incógnita. Los Stratton no eran los mismos. El dolor por la perdida de su hija los había llevado a un estado de amargura constante. Ya casi ni se dirigían la palabra. Ni siquiera se habían planteado tener otro hijo. Ella ansiaba olvidar a toda costa, y él, se pasaba las horas muertas en la capilla del bosque. Habían pasado 3 años de la tragedia, y ya nada volvería a ser como antes. De vez en cuando, corrían rumores. Los empleados que de noche hacían guardia en los terrenos de los Stratton, decían, a veces, que veían extraños movimientos en las lindes del bosque. Que se oían voces… voces que reclamaban un tesoro… Un día, harto ya de los chismorreos, Phill Stratton decidió pasar una noche en la capilla del bosque. Habían transcurrido 5 años desde la desaparición de su hija. Por esas fechas cumpliría los 10 si siguiera viva. Estando sentado a la puerta de la construcción, lo venció el sueño. Cuando algo lo despertó, la noche estaba avanzada. Algo había acariciado sus cabellos, que ya empezaban a empezaban a canear. Sintió algo frío, a la vez que hermoso, y escuchó una voz inconfundible. Una voz que claramente habló a su interior. Era la voz de su hija, que le decía: - ¡El oro de la familia! ¡Los antiguos querían recuperar lo que les habían robado! ¡Es el oro de la familia! Todos corréis peligro. Angustiado, volvió a la casa. No sabía si había tenido un mal sueño, o si realmente, su hija se había puesto en contacto con él desde allá donde estuviera, para advertirle de algo. Días después, quiso saber a qué se refería su hija. ¿El oro de la familia? Se puso a investigar. Sus antepasados habían llegado a la isla, y habían encontrado una gran cantidad de oro. Un oro que se encontraba guardado en un banco de Londres. El mismo que les había dado poder y riqueza. ¿Pero quienes eran los antiguos? ¿Qué significaba todo aquello? Pasó meses buscando información en archivos, bibliotecas… y al final acabó entendiéndolo todo… Hacía siglos, cuando los primeros Stratton llegaron a la isla, ésta era gobernada por unos extraños personajes. Seres extraordinariamente longevos, que solo se dejaban ver de noche y extremadamente crueles y fuertes, que recaudaban oro a los lugareños a cambio de no hacerles ningún daño. Los Stratton, al pisar la isla, vieron estas riquezas, y eliminaron a aquellos seres, quedándose con el oro, como pago por librar a los lugareños de la tiranía. Alguien había maldecido ese oro. Había dicho que los seres de la noche volverían a por él. Por eso, y por el temor a que fuese robado por los lugareños que quisieran recuperarlo, los Stratton habían sacado el oro de la isla, y lo habían llevado a Londres. Desde tiempos inmemoriales, ni una onza de ese oro había vuelto a la isla. El oro se vendía en Londres, y el dinero en efectivo era lo que utilizaba la familia… Entonces lo comprendió todo. Él había hecho traer, para el quinto cumpleaños de su hija, unos gramos de aquel oro, para hacer una medalla para la niña. Una medalla con el oro de la familia… Él… Desconociendo la maldición… El oro había vuelto a la isla, y aquellos seres de la noche, habían vuelto para recuperar lo que era suyo… Y habían matado a su hija para recuperarlo… ¿Cómo no se había dado cuenta? Su hija no llevaba el colgante cuando la encontraron… Entonces, fue cuando se volvió loco… Se cuenta que vive encerrado en un hospital, y que siente verdadero pánico ante cualquier objeto dorado. Su mujer murió hace tiempo, victima de la soledad y la tristeza, y desde hace tiempo, en la entrada de la finca de los Stratton un cartel reza “Se Vende” por unos terrenos que nadie quiere comprar. Yago Dion © Abril 2006